Publicado: 21 de Junio de 2013

Algunas invenciones pueden tardar muchos años en desarrollarse y pueden implicar el esfuerzo de muchas personas.

La historia de la máquina de coser es un buen ejemplo de cómo una idea sencilla pueden evolucionar gradualmente y recibir aportes de muchos hasta convertirse en una máquina compleja, con la incorporación a ella de nuevas ideas e inventos afines.

En 1830 fue Walter Hunt quien ideó la doble puntada en la que dos hilos se entrelazan formando una puntada. Aunque él no lo supo entonces, su invento iba a convertirse en la base de todas las máquinas de coser posteriores.

Más tarde, el inventor estadounidense Elías Howe fue el primero en construir una máquina de coser que utilizaba aguja con el ojo cercano a la puntada (que se usaba anteriormente en los bordados) para formar una doble puntada. Howe patentó su máquina en 1846.

En 1851, la lanzadera alternativa que se usaba fue reemplazada por la lanzadera rotativa que Isaac Singer incorporó a su máquina de coser. Aunque las máquinas tuvieron éxito en el mercado, Singer fue demandado por copiar algunas de las ideas de Howe.

Con el paso de los años se fueron añadiendo nuevas características a las máquinas de coser, pero sus mecanismos básicos se mantienen similares a los originales.

A comienzos del siglo, los motores eléctricos de tipo compacto permitieron fabricar máquinas más rápidas y eficientes. La primera máquina de coser eléctrica la construyó Isaac Singer en 1889.

En una esfera totalmente distinta, el mismo Isaac Singer fue el inventor de las ventas a plazo, para poder vender sus máquinas de coser.

Las máquinas electrónicas de hoy pueden realizar automáticamente diversas y complejas puntadas.